«El primer cuento»

Estándar

Era un pasaje oscuro, muy oscuro, donde viajaba un gusano de mil bocas, abriéndose y cerrándose indefinidamente.
Dentro de este gusano viajaban millones de pasajeros, a veces solos, otras en grupos grandes. Unos suben y vuelven a bajar, otros no bajan más que al final del recorrido del insecto.
Uno de estos pasajeros, Ilya —de los que viajan solos—, estaba ensimismado en sus pensamientos, recordando.
Aquellos ojos azules en la piel blanca como la nieve de su madre, que resaltaban sus bucles de carbón; contraste grande con el lacio oro y el verde esmeralda de su padre.
Recordando su incesante correr entre manzanos y el trigo, después de haber pasado sus primeros años al amparo del techo de su enorme casa —eso creía él, luego se daría cuenta de verla así por lo pequeño que era él—.
De pronto, en el gusano vislumbro a alguien que creyó conocer antes, una joven de cabello castaño, ojos penetrantes y labios tan amables, mas era una ilusión de su mente.
Ilya empieza a rememorar una grata experiencia: cuando conoció a Nuria —aquella mujer que creyó ver en el gusano—. Tendría apenas unos veintiún años cuando la vio en un café que solía frecuentar todos los miércoles y sábados. Recordó cómo se maravillo de verla, tan apacible y pacífica, tan armoniosa y perfecta. Tanto se maravilló que inmediatamente, después de recibir su café, fue a hablarle —sin importarle que Nuria estuviese acompañada por una amiga— y le dijo «No he podido evitar el verte y pensar en que debía saber tu nombre al menos», —cosas curiosas que la vida pone—, ella le contestó «¡Pero si eres Ilya Rimkov! Estuve en el mismo curso que tú el año pasado, ahm… ¿cuál era? Ah, sí, “Introducción al arte barroco”, siempre me sorprendió tu dedicación y talento.»
En eso Ilya intento recordar el nombre de aquella misteriosa, y siempre bella mujer. En su mente recorrió cada parte del salón de ese curso, después de unos diez segundos se iluminó su cabeza y dijo «Pero qué falta es el no recordar el nombre de la bella Nuria Silron, aprobaste con sobresaliente ese curso, ¿no?»
Y platicaron, toda esa noche y muchos días más. Después de un año llevándose muy bien fueron a un restaurante, el más lujoso de la ciudad, ahí Ilya le dijo «Estamos a un año de habernos conocido y comenzar con esta amistad tan fructífera que tenemos, ¿nunca has pensado en cómo vivirás en un futuro?» A lo que Nuria contestó «Sí, sí lo he pensado y me encantaría pasar esos años junto a una persona especial.» Bebieron una copa de vino exótico y comieron tranquilamente, ninguno sin expresar ese sentimiento que sabían que estaba dentro de ellos. Fueron en un taxi al departamento de Nuria.
Dentro del departamento dieron rienda suelta a sus instintos animales — no hace falta entrar en detalles—, tras lo que acostados en la cama Nuria dijo «Ilya, volviendo a lo de hace rato, ¿tienes idea de quién es esa persona con quien quiero pasar mi futuro?» Ilya respondió «Quizá tenga la respuesta, pero tengo que regresar a mi casa a meditarlo.» Ella dijo «No vayas, quédate conmigo, no lo pienses y vivamos siempre juntos.» Él, incierto de lo que quería respondió «Quisiera quedarme —buscando la excusa para salir—, pero mi madre me va a hablar en un rato y tengo que estar en casa para recibir la llamada.» Y ella, enamorada de él en su ser, «Ilya, sólo hoy esperaré, más tiempo tardas y me voy.»
Ilya salió y fue a su casa, todo el tiempo meditando. Ya en su casa, mientras avanzaba un proyecto para titularse se dio cuenta de que Nuria era su pareja infinita, que si tanto había gozado con ella en ese año era porque  estaba perdidamente enamorado de ella, la amaba, por eso cuando se llegaban a acostar sentía el cielo, sólo con ella, con nadie más había pasado eso.
Entonces Ilya le marcó a Nuria y solamente dijo «La respuesta soy yo, y mi respuesta eres tú, voy.»
Salió de su casa y abordó el metro que lo llevaría a su amada. Eran cinco estaciones las que lo separaban de Nuria. Pasó la primera entre la gente, tranquilo, como había sucedido en todos sus años usando el transporte. Faltaban cuatro. En la segunda vio como más gente subía al mismo vagón que él, gente de la misma ciudad, del mismo país, extranjeros. Faltaban tres estaciones. De pronto, en el trayecto entre ambas estaciones su vista se nubló, miles de cristales volaron ante sus ojos. Se perdió, la sangre manaba de su cabeza y paró cuando su corazón dejo de latir. Lo último que vio fue a un conciudadano explotar, explotar junto a su mochila. Nunca supo que fue un atentado pro-libertario. Siempre faltaron más de dos estaciones…
Entones abrió los ojos dentro del gusano y supo que lo llevaba al destino final irremediablemente, lo llevaba a la nada.
Y Nuria lo espero en su apartamento, lo espero y no dejo de esperar…

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