«La tortuga que el mundo despreciaba»

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Yiang detestaba al mundo, por eso decidió un día irse a una isla desierta, una isla que antes de Yiang nunca había sido habitada. Pero en esa isla le aguardaba una sorpresa a Yiang, una sorpresa que quedará para después, ya que hayan conocido la historia de nuestra querida tortuga. Después…

 

Quizá la actitud de Yiang respecto al mundo se deba a que siendo un huevo fue dejado en una playa demasiado expuesto a la intemperie, lejos del nido. Siendo lo anterior un gran factor de riesgo para el desarrollo de un feto lo que podía esperarse casi sucede, aunque de forma inesperada; ese huevo del que surgió Yiang era vigilado desde el principio por distintas formas de vida: cangrejos, hormigas, pájaros y hasta un mapache. Durante una noche el mapache hizo su movimiento y, desenterrando el huevo, se encontró con varias hormigas que habían intentado llevarlo más profundo. Afortunadamente para el mapache, al ser miles de veces más grande, pudo sacar fácilmente el huevo llevándoselo consigo para evitar que alguien más pudiera gozar del suculento manjar que él se había conseguido. Con su bien ganada comida iba directo a su madriguera, en donde disfrutaría el huevo, cuando de la nada se sintió atrapado, ya no podía moverse. Perdió la conciencia, y aun más, y en consecuencia el huevo que había conseguido. 

 

Lo que sucedió fue que el mapache pasó demasiado cerca de cierto templo, de alguna religión, con personas que, al estar localizadas en una región casi natural (es decir, sin intervención humana), habían procurado su seguridad plantando trampas en sus cercanías; como se dijo, esto no era tanto para conseguir un sustento carnal, sino por protección, porque cerca de la playa, y del templo, existía una selva virgen en donde habían animales nunca antes vistos (casi inofensivos) además de una horrenda cantidad de tigres y jaguares. Cabe mencionar que, generalmente, no comían lo que era atrapado porque así es como Yiang se salvó pues, una persona del templo, al estar revisando las trampas que a su zona correspondían encontró al mapache, cuya pierna había sido atrapada y consecuentemente cercenada, y al huevo. Recogió el huevo y se lo llevo con él. Afortunado Yiang, aún estaba a tiempo de ser salvado por medio de calefacción por lo que las acciones que la persona llevó a cabo fueron en principio buenas, pero al no ser todos como él por un momento Yiang llegó a preferir el morir; de todas maneras tenemos que ir paso a paso.

 

Lo que esta persona hizo fue llevárselo a su casa, en donde su esposa, una mujer muy amable, colocó el huevo en una posición en donde podía ser calentado de manera sencilla por lo que el feto que dentro llevaba pudo desarrollarse y nacer. Por el deseo antropomorfizante, que tenemos  todas (o casi todas) las personas, se nombró a la tortuga que surgió del huevo, como ya sabemos, «Yiang», nombrada así por una distinción clara de su caparazón, que desde pequeña se le notó a la tortuga, una marca muy parecida al símbolo llamado «yin-yang», pero decidieron fundir las palabras en un acto de originalidad.

 

Los primeros años de vida de Yiang se podrían describir como sosos de paz, seguía siendo una tortuga relativamente pequeña. Pero, al transcurrir los años, esto cambió; sus primeros sueños iban envejeciendo irremediablemente  y Yiang iba aumentando terriblemente de tamaño. Llego un punto en que era tan grande que ya no podía estar adentro de la casa con sus dueños, por lo que la tenían afuera de la residencia, en el patio, en donde podían verla los niños que pasaran por ahí; niños que, por diversión, atormentaban a la tortuga lanzándole piedras. Uno de esos niños era hijo de el regente del templo; templo que había comenzado como idea original religiosa y que se había difuminado en poco tiempo, dando lugar a un pequeño pueblo de gente que se había radicalizado en una secta bastante alejada de la religión que los había llevado hasta ahí. (Se le dice templo al pueblo por su identidad primaria, no por su actualidad.) Ese niño del que hablamos, al ser hijo del regente tenía permiso para hacer prácticamente lo que quisiera, siempre y cuando no contrariara lo que su padre buscaba. Por eso es que, de forma caprichosa, fue con su padre a decirle que quería adueñarse de la tortuga, qua ya era suficientemente grande para poder llevarlo a cuestas. 

 

Así Yiang descubrió una nueva fase, la de la esclavitud. El niño, caprichoso como era, no soportaba que yendo en su mole personal fuera más lento que sus amigos (ignorante el muchacho por pensar que la tortuga sería muy rápida) por lo que siempre que llegaba a su casa azotaba a Yiang con un látigo que contaba con espigas en las puntas, era un látigo de cinco colas. Aproximadamente un año duró esta conducta, no pocas veces sangró y sufrió la tortuga cosas inimaginables. Antes del año, durante el noveno mes de la conducta antinatural del niño una persona alcanzó a ver lo que éste hacía. Esta persona que lo vio era justamente la esposa de la persona que salvó el huevo de Yiang por lo que se sintió terriblemente turbada. Dada esta curiosa experiencia, junto con su esposo comenzó a planear la liberación de Yiang.

 

Ésta se llevó a cabo poco después del año de que el niño había conseguido a Yiang. Además de la pareja participaron en la liberación otras tres personas, dos mujeres y un hombre. Durante la noche abdujeron a Yiang y, mientras el hombre montaba guardia las mujeres y el original salvador se llevaron a Yiang, por medio de una carreta, a través de la selva para soltarlo en la playa. Nada les pasó a los liberadores de Yiang, pues el padre, al saber de los abusos que su hijo había cometido decidió no realizar alguna investigación y así, nuestros héroes y heroínas no sufrieron castigo alguno y sintieron una gran paz interior. Pero el daño ya estaba hecho.

 

Yiang, al descubrirse en la playa solo, no supo que hacer. La selva le parecía horrible y no tenía idea de que podía nadar, pues no había podido ejercer esa facultad en años anteriores. Para su fortuna, la noche en que fue liberado fue una noche en la que una tortuga desovó en esa playa; al ver a alguien muy parecido a él Yiang decidió seguirla y así entró al mar y diose cuenta de que podía nadar fácilmente. Con todo su sufrimiento lo último que quería era estar con alguien más, entonces comenzó a buscar un lugar en donde quedarse solo sin nadie que lo molestara. No soportaba estar con nadie más, ya despreciaba todo sin despreciarlo. Pasado cierto tiempo llegó a la isla, una isla desierta en donde se encontró algo que nunca hubiera esperado encontrar; la más grata e ingrata de las sorpresas: encontró la muerte; una muerte que le reveló algo insólito, que la isla en donde Yiang se encontraba originalmente había sido un animal muy parecido a la tortuga, que también había querido quedarse solo; pero que con el paso del tiempo Yiang, al querer huir de todo, había llegado a acompañarlo y que, como la isla (o el animal ya difunto), Yiang terminaría esperando a que alguien más lo acompañara en su última morada. 

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