Momento aleatorio en el metro

Estándar

Hoy, en el trayecto de la escuela a mi casa, tomé el metro esperando lo de siempre: escuchar música y no prestarle atención a las personas. Pero no contaba con que sucedería algo interesante en una vecindad mía.

Una mujer que se sentó a mi lado tenía en sus manos unas copias en las cuales se describía un modelo financiero con argumentos de probabilidad. Se preguntarán, ¿qué tiene de especial eso? Por sí solo no tiene nada, pero logró desencadenar una buena conversación. El tipo que estaba directamente frente a ella, llamémoslo sujeto A por comodidad, se interesó por unas ecuaciones que ella había deducido de lo referente a las copias (tenía que ver con la normal). Durante tres estaciones estuvieron platicando de estas ecuaciones, pues el sujeto A las sometió a un escrutinio severo. Para esto en esa tercera estación entró al vagón y se sentó a lado un señor mayor (sujeto B). Mi parada sería la siguiente estación. Entre esas dos estaciones el sujeto A empezó a criticar el hecho de que faltara el momento estocástico en las ecuaciones de la mujer. Como todos se venían imaginando todo se deducía de Black-Scholes. De esto se desprendió que se tocara el movimiento browniano, momento en el cual el sujeto B, pendiente de la plática, pudo intervenir. Esto porque el sujeto A lo vio tan metido en la plática que le preguntó si sabía qué era el tema. El sujeto B no dudó en contestar y virtió toda su sabiduría en los pocos metros que faltaban para que frenara el tren. Salí del vagón feliz. Punto para la probabilidad.