«Respeto ajeno»

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Este escrito está destinado al olvido; empero, quiero constatar aquí que hay ocasiones en las que personas a las que se les apoya en distintas ocasiones, con una intención puramente buena, y se piensa que uno puede confiar en ésas. Lo cierto es que no podemos confiar en cualquiera, no sabemos quién pueda revelar lo que decimos [a veces sin conciencia de lo que en verdad queremos], ni a quién se lo pueda decir.

Pero sepan si alguien les da la confianza lo único que debemos hacer (noten el debemos en vez de podemos) es no meterse en sus asuntos. A esta reflexión viene el título. Respeten las cosas que les sean ajenas a sus intereses, pueden hacerle gran daño a las personas.

«¿Diferencia o identidad?»

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Desconozco qué saldrá de aquí.

Todo empieza en el nivel personal, la dialéctica entre ser parte de la masa y evadirnos de ésta.

Sinceramente no sé por qué no simplemente se comprende que es una síntesis lo que debemos llevar a cabo, porque es cierto que como podemos sobrepasar a los demás en ciertos aspectos, en otros somos inferiores, lo que no implica ser idénticos a todos.

Lo que me da miedo es ver que en la cientificación que se está propagando hoy en día todo va encaminado a una sociedad regulada, me da miedo porque quieren una sociedad como la descrita en “Brave new world” (Aldous Huxley), una utopía distópica. Ésa sería una sociedad sin valores éticos como hoy los conocemos, se sacrificaría la personalidad por la masa, evento que petrifica a las mentes lúcidas. Aceptémoslo, se necesitan personas que rompan los estigmas para poder evolucionar. 

Mas la otra cara de la moneda me repugna, el querer ser diferente a toda costa, sin tomar en cuenta que tenemos por naturaleza cosas en común, que por más que queramos renegar de ellas vivimos sometidos a tales. En esta posición los veo en “A clockwork orange” (Anthony Burgess), los veo queriendo ser Alex, sin darse cuenta que en el camino necesitan ayuda de los demás para ser; en otras palabras, adquirimos conciencia propia a través de los demás, existencia es coexistencia. 

Voy a la conclusión que ya di arriba, debemos sintetizarlo. Por un lado aceptar que vivimos en una sociedad de la cual necesitamos y que a la vez nos necesita; debemos apoyar a la gente que se destaque por sus méritos, que aboguen por nuevas propuestas a favor de todos; buscar el bien común a la vez que proveamos el bien personal (no descuidar a la persona por la masa y viceversa); no caer en la trampa del mal menor. Debemos ser solidarios a la vez que individualistas.

Es un trabajo por demás complejo, pero si cada quien se preocupa por ser y ayudar a los demás a ser… entonces habremos dado un gran paso para una mejor sociedad, en la que no se peleen la comunidad con la identidad personal.

«¿Ocio?»

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Hoy que se hizo la presentación oficial de una consola de videojuegos, después de un video que lanzó una compañía rival, me propongo hablar de qué estamos haciendo respecto al ocio.

Es cierto lo que he leído de autores (v.g. Mario Vargas Llosa) que opinan que hoy en día incluso el ocio por el que podemos optar está siendo enajenado por compañías que nos ofrecen opciones, las cuales sirven para evadirnos de una realidad que cada día deberíamos tener más presente.

Otra realidad es que cada vez la gente lee menos, se preocupa aún menos por encontrar algo constructivo en el arte porque los pocos valientes que se atreven a romper el velo de prohibición en el que hemos caído son tomados como locos por su generación y son eclipsados por gente que no tiene un ápice de cultura [respectivo a lo humano], sírvanse de ejemplo: jugadores de fútbol, baloncesto, y jóvenes ídolos de música cuyas canciones dicen poco o nada.

La salida que encuentro para este gran problema es que cada persona en su fuero interior se pregunte qué está haciendo respecto a la situación y diario tratar de mejorar un poco, innovando en su ser en forma constructiva en base al conocimiento que se adquiera, ése es el ocio que deseo se impusiera: el pensar.

Nota: No estoy satanizando los videojuegos, puesto que también sé disfrutarlos; estoy abogando porque sean una parte mínima del ocio del que dispongamos a la semana, igual con la televisión y análogos.

«Incoherencia coherente»

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Tantos sentimientos dentro de mí que no puedo discernir entre todos. ¿Qué es cierto?, ¿qué no? Sólo tengo certeza de un par de asuntos de los que estaré agradecido por siempre, de que no todo mi tiempo lo he desperdiciado cual vil haragán.

Soy aquel que ustedes han contribuido a formar, con defectos y virtudes (lo mayor en primer medida), que intenta tender a ser alguien mejor día a día. Y si lo hago no es sólo por mí, es para regresar una parte de todo lo que me dan, tanto a los que me han apoyado como a las personas de las que he aprendido cómo no ser.

Hace poco tiempo se me dijo que mis ideas escritas poco reflejan el cómo vivo, cosa que puede ser cierta dependiendo de la manera de juzgar. Espero que los que me conozcan sepan que sinceramente intento llevar mis ideas a la práctica; y si la mayor parte de las veces fallo no es porque no crea en tal situación, sino porque soy una persona más, disto de ser perfecto, nunca lo seré.

Sí, soy alguien que muchas veces no mide las acciones antes de realizarlas, pero nunca será en perjuicio de otros conscientemente. Creo firmemente que cada quien forma su entorno (siendo formado por los otros), y que depende de uno el hacer o no hacer algo, no en acusaciones o tratos coercitivos, en cuyo caso se hacen las cosas por temor.

No tengo idea de lo que estoy diciendo, pero espero algún día leer esto y poder decir ‘‘no lo hiciste tan mal después de todo’’.

«Educación»

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Y pues aquí estoy, viendo a ese equipo que hoy en día parece sin corazón, pero no vengo a hablar de eso.

Llevo dieciocho años de mi vida en alguna institución escolar y pienso «¿Acaso el sistema educativo mexicano es un fiasco?» Lo sorprendente de mi respuesta es que es afirmativa.

¿Qué nos enseñan dentro de las escuelas (hasta la preparatoria)? Simple, a ser dependientes de lo que alguien —que se pare frente a un conglomerado de estudiantes— les diga qué hacer y qué no hacer. Lo peor del caso es que ni siquiera eso se puede hacer bien, pues existen esas pérfidas personas que quieren creerse los rebeldes, haciendo tontería y media, sinceramente dan pena. Dejando de desviarme, regreso a mi posición, no se les enseña a ir a los libros, a pensar por sí solos. No, la gran mayoría se contenta con lo poco que ven (si acaso ven algo de valor) y no abogan por profundizar su conocimiento. 

¿Qué si saben unas formulitas o hacen operaciones algebraicas? ¿Qué si saben repetir cadenas de palabras «complejas» si no saben lo que significan?

De nada les sirve aprender cosas si no buscan aprovecharlo, no para satisfacer deseos financieros (puede ser eso), sino para cultivarse como personas integrales. 

Me produce pánico el ver que de seriamente crean que un número va a definir su futuro… sepan que no, puede que refleje su dedicación al «estudio», pero no es garantía de que tengan calidad en cuanto al verdadero estudiar. Con mayor horror veo los estudios sobrevalorados, no voy a entrar en detalles, que la gente busca porque únicamente lo quiere para ganar dinero para su futuro, abogando que es su pasión.

«Ciencia ficción»

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Todos las novelas (decentes) de ciencia ficción atraen y claramente nos van a gustar. No porque sean buenas, sino por ese espíritu aventurero que tenemos, ese espíritu que desarrollamos de niños con la facilidad de creer fielmente en la magia. Esa magia que se convierte en situaciones inimaginables —bajo estructuras científicas y tecnológicas fuera de este mundo— que con nuestra tecnología, o lo que conocemos del universo, aún no se podrían llevar a cabo. 

Por eso me niego a leer una novela más del género; verbigracia, «The maze runner». Porque no sabría discernir la calidad de la novela, y esto por un simple hecho, después de Wells, Bradbury y Asimov, la ciencia ficción dejo de innovar; no digo que todo sea un refrito de ellos, pero sentaron unas bases que nadie más se ha atrevido a desobedecer. Después de ellos se perdió la inclinación natural del género a convertirse en literatura, simplemente no lo es. Son novelas que quedan atrapadas en un sistema que no ha sido renovado, y mientras alguien no se atreva a romper con ellos no vale la pena gastar el tiempo leyendo libros de autores que en su mayor parte se han vuelo juveniles; juveniles porque no tienen la visión de escribir sobre su propia línea, tienen que explotar la creencia de los jóvenes en mundos distintos, en evasiones de sus situaciones particulares. ¿Es que no se dan cuenta que simplemente les atrae el que la muerte de los personajes sea algo tan nimio gracias a esos saltos espacio-temporales? Sé que no todos son así, pero generalmente esa peculiaridad llama y endulza, genera un lento olvido de los sucesos a través del manejo (a veces mediocre) del espacio- tiempo creado especialmente para la ocasión. 

Odio decir esto —más porque amo la ciencia ficción, y porque me contradigo en este mismo texto—, pero no saben nada si sólo leen este género moribundo.

Como actualización: Leí más libros del género y mi opinión no solamente sigue en pie, sino que ahora la apoyo con mayor fervor; empero, ahora entiendo que la culpa no la tienen las novelas, más bien la tienen los lectores exagerados.

«La tortuga que el mundo despreciaba»

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Yiang detestaba al mundo, por eso decidió un día irse a una isla desierta, una isla que antes de Yiang nunca había sido habitada. Pero en esa isla le aguardaba una sorpresa a Yiang, una sorpresa que quedará para después, ya que hayan conocido la historia de nuestra querida tortuga. Después…

 

Quizá la actitud de Yiang respecto al mundo se deba a que siendo un huevo fue dejado en una playa demasiado expuesto a la intemperie, lejos del nido. Siendo lo anterior un gran factor de riesgo para el desarrollo de un feto lo que podía esperarse casi sucede, aunque de forma inesperada; ese huevo del que surgió Yiang era vigilado desde el principio por distintas formas de vida: cangrejos, hormigas, pájaros y hasta un mapache. Durante una noche el mapache hizo su movimiento y, desenterrando el huevo, se encontró con varias hormigas que habían intentado llevarlo más profundo. Afortunadamente para el mapache, al ser miles de veces más grande, pudo sacar fácilmente el huevo llevándoselo consigo para evitar que alguien más pudiera gozar del suculento manjar que él se había conseguido. Con su bien ganada comida iba directo a su madriguera, en donde disfrutaría el huevo, cuando de la nada se sintió atrapado, ya no podía moverse. Perdió la conciencia, y aun más, y en consecuencia el huevo que había conseguido. 

 

Lo que sucedió fue que el mapache pasó demasiado cerca de cierto templo, de alguna religión, con personas que, al estar localizadas en una región casi natural (es decir, sin intervención humana), habían procurado su seguridad plantando trampas en sus cercanías; como se dijo, esto no era tanto para conseguir un sustento carnal, sino por protección, porque cerca de la playa, y del templo, existía una selva virgen en donde habían animales nunca antes vistos (casi inofensivos) además de una horrenda cantidad de tigres y jaguares. Cabe mencionar que, generalmente, no comían lo que era atrapado porque así es como Yiang se salvó pues, una persona del templo, al estar revisando las trampas que a su zona correspondían encontró al mapache, cuya pierna había sido atrapada y consecuentemente cercenada, y al huevo. Recogió el huevo y se lo llevo con él. Afortunado Yiang, aún estaba a tiempo de ser salvado por medio de calefacción por lo que las acciones que la persona llevó a cabo fueron en principio buenas, pero al no ser todos como él por un momento Yiang llegó a preferir el morir; de todas maneras tenemos que ir paso a paso.

 

Lo que esta persona hizo fue llevárselo a su casa, en donde su esposa, una mujer muy amable, colocó el huevo en una posición en donde podía ser calentado de manera sencilla por lo que el feto que dentro llevaba pudo desarrollarse y nacer. Por el deseo antropomorfizante, que tenemos  todas (o casi todas) las personas, se nombró a la tortuga que surgió del huevo, como ya sabemos, «Yiang», nombrada así por una distinción clara de su caparazón, que desde pequeña se le notó a la tortuga, una marca muy parecida al símbolo llamado «yin-yang», pero decidieron fundir las palabras en un acto de originalidad.

 

Los primeros años de vida de Yiang se podrían describir como sosos de paz, seguía siendo una tortuga relativamente pequeña. Pero, al transcurrir los años, esto cambió; sus primeros sueños iban envejeciendo irremediablemente  y Yiang iba aumentando terriblemente de tamaño. Llego un punto en que era tan grande que ya no podía estar adentro de la casa con sus dueños, por lo que la tenían afuera de la residencia, en el patio, en donde podían verla los niños que pasaran por ahí; niños que, por diversión, atormentaban a la tortuga lanzándole piedras. Uno de esos niños era hijo de el regente del templo; templo que había comenzado como idea original religiosa y que se había difuminado en poco tiempo, dando lugar a un pequeño pueblo de gente que se había radicalizado en una secta bastante alejada de la religión que los había llevado hasta ahí. (Se le dice templo al pueblo por su identidad primaria, no por su actualidad.) Ese niño del que hablamos, al ser hijo del regente tenía permiso para hacer prácticamente lo que quisiera, siempre y cuando no contrariara lo que su padre buscaba. Por eso es que, de forma caprichosa, fue con su padre a decirle que quería adueñarse de la tortuga, qua ya era suficientemente grande para poder llevarlo a cuestas. 

 

Así Yiang descubrió una nueva fase, la de la esclavitud. El niño, caprichoso como era, no soportaba que yendo en su mole personal fuera más lento que sus amigos (ignorante el muchacho por pensar que la tortuga sería muy rápida) por lo que siempre que llegaba a su casa azotaba a Yiang con un látigo que contaba con espigas en las puntas, era un látigo de cinco colas. Aproximadamente un año duró esta conducta, no pocas veces sangró y sufrió la tortuga cosas inimaginables. Antes del año, durante el noveno mes de la conducta antinatural del niño una persona alcanzó a ver lo que éste hacía. Esta persona que lo vio era justamente la esposa de la persona que salvó el huevo de Yiang por lo que se sintió terriblemente turbada. Dada esta curiosa experiencia, junto con su esposo comenzó a planear la liberación de Yiang.

 

Ésta se llevó a cabo poco después del año de que el niño había conseguido a Yiang. Además de la pareja participaron en la liberación otras tres personas, dos mujeres y un hombre. Durante la noche abdujeron a Yiang y, mientras el hombre montaba guardia las mujeres y el original salvador se llevaron a Yiang, por medio de una carreta, a través de la selva para soltarlo en la playa. Nada les pasó a los liberadores de Yiang, pues el padre, al saber de los abusos que su hijo había cometido decidió no realizar alguna investigación y así, nuestros héroes y heroínas no sufrieron castigo alguno y sintieron una gran paz interior. Pero el daño ya estaba hecho.

 

Yiang, al descubrirse en la playa solo, no supo que hacer. La selva le parecía horrible y no tenía idea de que podía nadar, pues no había podido ejercer esa facultad en años anteriores. Para su fortuna, la noche en que fue liberado fue una noche en la que una tortuga desovó en esa playa; al ver a alguien muy parecido a él Yiang decidió seguirla y así entró al mar y diose cuenta de que podía nadar fácilmente. Con todo su sufrimiento lo último que quería era estar con alguien más, entonces comenzó a buscar un lugar en donde quedarse solo sin nadie que lo molestara. No soportaba estar con nadie más, ya despreciaba todo sin despreciarlo. Pasado cierto tiempo llegó a la isla, una isla desierta en donde se encontró algo que nunca hubiera esperado encontrar; la más grata e ingrata de las sorpresas: encontró la muerte; una muerte que le reveló algo insólito, que la isla en donde Yiang se encontraba originalmente había sido un animal muy parecido a la tortuga, que también había querido quedarse solo; pero que con el paso del tiempo Yiang, al querer huir de todo, había llegado a acompañarlo y que, como la isla (o el animal ya difunto), Yiang terminaría esperando a que alguien más lo acompañara en su última morada.